Todos, consciente o inconscientemente, hemos utilizado este proceso para definir cosas importantes en nuestras vidas, o lo haremos en el futuro. Así, por ejemplo cuando nos proponemos desarrollar una familia, adquirir la vivienda, educar a nuestros hijos o simplemente desarrollarnos profesionalmente, estamos definiendo una misión o propósito que requiere de mucho análisis para superar las dificultades que surgen.

Lo mismo, por cierto a otra escala, sucede en las organizaciones. Partimos con un fin en mente y debemos identificar obstáculos, definir objetivos para superarlos y establecer el cómo lo lograremos. Pero veamos la aplicación institucional del proceso de planeamiento estratégico que representamos en el siguiente esquema: