Según el diccionario, la emoción define cualquier agitación, sentimiento, pasión, relevancia o estado mental alterado. Los sentimientos son padres de nuestros pensamientos y éstos de nuestros actos.

Hasta los años ’60 la acción humana parecía motivada por fuerzas externas; según los freudianos, por el conflicto. Según los conductistas, por el esfuerzo. Según los etólogos, por la genética. Desde los ’60 avanza la idea de elección, de responsabilidad, de control sobre nuestras propias vidas.

Albert Ellis, uno de los padres de la Terapia Cognitiva, ha desarrollado el Modelo ABC, el que explica de la siguiente forma: si enfrentamos una situación adversa (A) que visualizamos puede generar consecuencias (C) indeseables, la magnitud real de esas consecuencias NO dependen de la adversidad, sino de la creencias (B del ingles believe) con que enfrentamos esa adversidad; son éstas las que provocan unas consecuencias u otras. Tal vez el ejemplo más dramático de esta conclusión del Dr. Ellis es cuando al endfermo(a) se le diagnostica una enfermedad que puede ser catastrófica, pero éste decide colocar toda su convicción en que superará la adversidad.