Nuestra percepción del tiempo varía grandemente. Sabemos que el tiempo avanza a un paso constante. Sin embargo, a menudo el tiempo vuela. En otras ocasiones, parece que queda parado. Hay una gran diferencia entre el tiempo psicológico y el tiempo del reloj. Si espera a alguien mientras que llueve y hace frío, cinco minutos parecen una eternidad. Por otra parte, si toda su atención está enfocada en algo interesante que le absorbe totalmente, los minutos y las horas evaporan como por magia. Así, nuestra percepción del tiempo depende mucho de las circunstancias que nos rodean.
A menudo sentimos que aprovechamos poco el tiempo, sabemos que hay algo malo, pero no podemos señalar cual sea exactamente.