Diríamos que junto con el optimismo se muestra la esperanza. No solo se trata de la fuerza que podría surgir de un consejo recibido por amigos en tiempos difíciles, por el contrario se trata de la idea personal de que uno puede lograr sus metas (si quiero, puedo).

Existe evidencia investigativa de que la esperanza produce un impacto muy positivo en los logros académicos, laborales, emocionales e incluso fisiológicos (enfermedad).

La esperanza es lo contrario a tener una actitud derrotista ante retos difíciles o contratiempos. Por ejemplo existe evidencia de que los que tienen esperanza en profesiones bajo presión, especialmente en servicios orientados a públicos, se desempeñan mejor, se desgastan menos y tienen más posibilidad de permanencia en la organización.

Además, como sabemos, la esperanza puede producir un impacto positivo en el proceso empresarial. Por ejemplo, los emprendedores con más esperanza se consideran mejor compensados a medida que van logrando los objetivos.

La esperanza es una característica aprendida y puede ser reforzada por capacitación, mejorando el desempeño en el empleo y la retención de funcionarios valiosos.