Considerando el contexto organizacional en que nos desenvolvemos, se han identificado tres dimensiones a través de las cuales puede sustentarse el compromiso:
• Una dimensión afectiva, en la que la persona establece lazos emocionales intensos con su organización y disfruta de su estancia en ella.
• Una dimensión normativa, que se refiere a un sentido del deber moral de continuar perteneciendo a la organización.
• Una dimensión de continuidad, en la cual la persona siente que ha invertido mucho tiempo y esfuerzo en la organización y que dejarla implica costos.
Estas dimensiones influyen en las conductas del trabajador y en su desempeño y permanencia en la institución.
Independiente del origen del tipo de actitud de compromiso organizacional, se trata de un factor incidente en los resultados deseables y por tanto es una competencia que se debe desarrollar en todos los niveles.