Si bien todas las personas somos conscientes de la importancia de poseer bienes materiales y económicos que son la base de nuestra seguridad personal y familiar, o del valor que damos a nuestras relaciones (las personas que conocemos, los grupos de amigos) y también como valorizamos nuestro capital intelectual (conocimientos, habilidades, experiencias), rara vez somos conscientes de nuestro capital psicológico, con el que probablemente potenciamos las anteriores valoraciones.

Los elementos que se consideran capital psicológico de las personas incluyen:
a) La confianza en sí mismo para emprender y dedicar esfuerzo necesario con el propósito de lograr el éxito en tareas desafiantes;
b) El ser optimista para alcanzar ese éxito ahora o en el futuro;
c) Perseverar en el logro de metas teniendo la esperanza de que seremos exitosos;
d) Enfrentar los problemas o adversidades que surgen, manteniéndose y superando la tormenta hasta lograr el éxito deseado, capacidad que se denomina resiliencia; y
e) La inteligencia emocional que se nutre de las anteriores características y que agrega otras capacidades valiosas en el desempeño laboral, social o profesional