Existe un conjunto de “activos” que posee una persona (o que se pueden desarrollar) como la educación, la capacitación y las relaciones sociales que refuerzan su resiliencia.
También controlando factores de riesgo físico y psicológico o desarrollando los procesos adaptativos como la confianza en sí mismo, la esperanza y el optimismo que ya hemos analizado.
El perfil general de las personas con resiliencia puede caracterizarse por una fuerte aceptación de la realidad, más una creencia profunda respaldada a menudo por valores muy sólidos de que la vida tiene sentido y una rara habilidad para improvisar.
Prácticamente en toda organización se enfrentan riesgos e incertidumbre relacionados con el empleo, los cambios tecnológicos, la necesidad de enfrentar la vida laboral y familiar o el desgaste que supone la atención de clientes, por lo cual el desarrollo de la resiliencia se convierte en un factor indispensable con que se deben enfrentar las amenazas, las oportunidades para el desarrollo y la adaptabilidad al cambio.