La segunda dimensión de orientación hacia el cambio es el locus de control, el que se refiere a la actitud que desarrollan los individuos respecto a qué tanto controlan sus propios destinos. Cuando los individuos reciben información acerca del éxito o fracaso de sus propias acciones o cuando algo cambia en el ambiente, interpretan esa información de diferentes maneras. Las personas reciben reforzamientos, tanto positivos como negativos, cuando intentan hacer cambios a su alrededor. Si los individuos interpretan el reforzamiento que reciben como resultado de sus propias acciones, se dice que tienen locus de control interno (es decir, "yo fui la causa del éxito o fracaso del cambio").

Si interpretan el reforzamiento como el producto de fuerzas externas, manifiestan locus de control externo (es decir, "algo o alguien más ocasionó el éxito o el fracaso"). Con el paso del tiempo, las personas desarrollan una "expectativa generalizada" acerca de las fuentes dominantes de los reforzamientos que reciben. De esta manera, adoptan un enfoque principalmente interno o principalmente externo respecto a la fuente de control que perciben en un entorno cambiante.