Sintetizando, diremos que el genuino y auténtico modo de dirigir es lograr que los subordinado quiera lo que nosotros queremos; de este modo lograremos que haga lo que él quiere (que es, justamente, lo que nosotros queremos).

El dirigir personas para obtener de ellas resultados justos y eficaces, es un modo específico y particular del obrar en el mundo. Y tiene, por ello, un proceso particular y específico no asimilable a ninguna otra actividad humana.

Quien tiene responsabilidad de mando está preocupado tanto de la tarea que se ejecuta como de las personas que la realizan.

Estas dos dimensiones pueden demandar mayor o menor importancia en quien dirige, constituyéndose en una seña clara de su estilo de mando y la estudiaremos más adelante.