Con frecuencia hemos escuchado o leído sobre la importancia de las competencias técnicas y conductuales que están en la base del desempeño de las personas. Entre las competencias conductuales, se incluye el compromiso, la motivación, el trabajo en equipo, entre otras.
Siendo el compromiso una disposición anímica, éste se puede definir como:
“Respetar y asumir a cabalidad, la visión, misión, valores y objetivos de la Institución. Implica la disposición para asumir con responsabilidad los compromisos declarados por la organización haciéndolos propios”.
Esta definición se puede evidenciar y evaluar a través de acciones concretas y visibles como por ejemplo: cumpliendo con los lineamientos de su puesto de trabajo, desempeñando las obligaciones personales o laborales de modo correcto, superando los resultados esperados, demostrando el dominio y calidad de su trabajo, o buscando optimizar el uso de los recursos racionalizando su aplicación, etc.