Quienes toman las decisiones, en particular en organizaciones con fines de lucro, tienden a sentirse cómodos con el utilitarismo.

No obstante, muchos críticos afirman que es necesario cambiar ese punto de vista. El interés público por los derechos individuales y la justicia social sugiere la necesidad de que los gerentes desarrollen estándares de ética basados en criterios que no sean utilitaristas. Esto plantea un desafío, ya que satisfacer los derechos individuales y la justicia social provoca mucho más ambigüedades que los criterios utilitaristas, como la eficiencia y las utilidades.

Sin embargo, mientras que en términos utilitaristas se justifican decisiones como subir precios, vender productos nocivos para la salud, despedir a grandes números de empleados y trasladar la producción al extranjero para reducir los costos, este ya no puede ser el único criterio con el que sojuzgue cuáles son buenas decisiones.