Como los objetos no se observan en forma aislada, la relación de un objeto con su entorno también influye en la percepción, así como la tendencia a agrupar los objetos cercanos y similares.
Por ejemplo, las mujeres, los hombres, los caucásicos, las personas de color, los asiáticos, o los miembros de otros grupos que tienen características claramente distinguibles, se perciben con frecuencia como semejantes entre sí, y lo mismo sucede con las características diferentes.
El contexto también es importante. Por ejemplo, una joven vestida para una fiesta de noche de sábado en la que puede pasar desapercibida, captaría su atención de inmediato vestida de esa forma en una sala de clases el lunes. Ni el receptor ni el objeto cambiaron entre la noche del sábado y la mañana del lunes, pero la situación es diferente.