Uno de los descubrimientos más interesantes de las investigaciones sobre la teoría de la atribución es que existen errores o sesgos que distorsionan las atribuciones. Cuando hacemos juicios sobre la conducta de otros individuos tendemos a subestimar la influencia de los factores externos y sobrestimar la de los factores internos o personales. Este error de atribución fundamental explica por qué un gerente de ventas es proclive a atribuir el desempeño deficiente de sus agentes de ventas a su pereza y no a la línea de productos innovadores que introdujo un competidor. También existe la tendencia en los individuos y las organizaciones para atribuir sus éxitos a factores internos tales como la habilidad o el esfuerzo, y a culpar de las fallas a factores externos como la mala suerte o a los colegas de trabajo improductivos.