Los individuos en las organizaciones toman decisiones, es decir, eligen entre dos o más alternativas.

Los altos directivos determinan las metas de su empresa, cuáles productos o servicios ofrecer, cómo financiar del mejor modo las operaciones o dónde ubicar una nueva planta o servicio.

Los gerentes de niveles medio y bajo determinan los programas operativos, seleccionan a los nuevos elementos y deciden cómo habrán de manejarse los recursos y darse los incentivos.

En tanto, los colaboradores operativos deciden cuánto esforzarse en sus labores y si acatarán o no una petición del jefe.

Sea por el incremento de las tecnologías o por la mayor preparación de los equipos, los colaboradores institucionales han adquirido mayor autoridad para tomar decisiones que, históricamente, estaban reservadas a los gerentes. Por consiguiente, la toma de decisiones individual forma parte importante del comportamiento organizacional y ésta se encuentra influida de manera importante por percepciones.