La toma de decisiones ocurre como reacción ante un problema. Es decir, cuando hay una discrepancia entre el estado actual de las cosas y algún estado deseable, por lo que se requiere considerar cursos de acción alternativos. Por desgracia, la mayoría de los problemas no vienen con un gran letrero que diga "problema". Además, lo que para alguien es un problema para otro sería un estado satisfactorio. Una gerente quizá vea el retraso de un 5 % en la entrega del proyecto como un problema grave que requiere atención inmediata. En cambio, su contraparte en otra división, que también tuvo un retraso 5 % por ciento, tal vez lo considere algo aceptable. Lo anterior significa que la existencia de un problema y la necesidad de tomar una decisión es también un asunto de percepción.