Quienes toman decisiones aplican la racionalidad acotada, pero muchas evidencias indican que también tienen sesgos y errores sistemáticos que introducen en sus juicios. Para minimizar el esfuerzo y evitar intercambios difíciles, la gente tiende a basarse demasiado en sus experiencias, impulsos, sentimientos viscerales y reglas prácticas convenientes. Los atajos pueden resultar útiles, aunque también suelen distorsionar la racionalidad. A continuación se describen las distorsiones más comunes a la toma de decisiones.