“Las personas cuyo desempeño es mayor, trabajan mejor simplemente porque ellos y sus directivos confían en que así será”.

¿Y cómo llevar este enfoque a la práctica?:

“Para lograr un alto nivel de desempeño, el directivo debe imponer metas ambiciosas y contagiar con su entusiasmo al equipo de colaboradores en relación con la importancia de esas metas”.

La importancia que esto tiene para el directivo es que le abre la posibilidad de moldear las motivaciones de sus colaboradores. Y por esto, el directivo que busca mejorar la productividad de su equipo debe ser un optimista incurable y no un profeta a quien nadie escucha.